Control mental en ratas, monos... y estudiantes universitarios

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Control mental en ratas, monos... y estudiantes universitarios

Mensaje por Desapastillada el 29/10/15, 04:59 pm

Los espectaculares avances en neurociencia, que se suceden a una velocidad cada vez más vertiginosa, están empezando no sólo a desvelar los mecanismos de funcionamiento del cerebro sino que están mostrando que aunque complejo, este hasta ahora poco conocido órgano puede ser manipulado de manera cada vez más sorprendentemente efectiva, con la consiguiente alteración del comportamiento no sólo de diversos tipos de mamíferos sino incluso también en el ser humano.



Hasta hace relativamente poco tiempo el cerebro humano y sus funciones han sido el gran reto casi inaccesible al conocimiento científico debido a la conjunción de diversos factores. Así el simple hecho de que mientras otros órganos han sido estudiados durante décadas cuando no siglos (aunque fuera de manera imperfecta) el cerebro ha sido objeto tradicionalmente de relativamente muy pocos estudios. Y esto ha venido provocado, no sólo por la propia dificultad de analizar de manera rigurosa este tan complejo e intrincado órgano y sus funciones, sino también por la presión de la errónea hipótesis, arrastrada de campos totalmente alejados cuando no directamente enfrentados al método científico como son la filosofía y sobre todo la teología, de que las funciones mentales “superiores” del ser humano (pensamiento, razonamiento, conciencia, sentimientos, inteligencia, en resumen todo aquello que tradicionalmente ha sido atribuido en exclusividad al ser humano y por tanto ausente en el resto de los animales) no era el resultado de procesos fisiológicos normales aunque muy complejos del propio cerebro (y que por tanto tenían una base material) sino que se originaban en esa caja negra extracorpórea que los filósofos llamaron mente y que los religiosos de toda época y condición denominan incluso a día de hoy alma. Y dejando aparte a los siempre particulares creyentes, incluso algunos filósofos contemporáneos tan prestigiosos como Karl Popper o hasta científicos como el neurólogo y premio Nobel de Medicina Sir John Eccles han seguido intentando mantener con vida, aunque entre estertores por cierto, este ya caduco y difunto dualismo mente-cerebro.



Sin embargo la todavía joven disciplina científica de la Neurociencia, liberada cada vez más de esas viejas ataduras que han dificultado cuando no impedido el estudio de los procesos cerebrales, es en la actualidad un campo explosivo en donde se suceden los descubrimientos. Así muy recientemente, investigadores estadounidenses han demostrado que se puede alterar el sentido de la novedad y la memoria en ratas. Mediante estimulación con determinados pulsos de luz de neuronas de la corteza perirrinal consiguieron que los animales consideraran imágenes ya conocidas y memorizadas como si fueran novedosas. Y por el contrario con otro tipo de pulsos lumínicos indujeron a que las ratas se comportaran frente a imágenes nuevas como si fueran ya familiares. En decir, con una alteración relativamente simple de ciertas neuronas se pueden borrar recuerdos en ratas o por el contrario convencer a estos animales que las nuevas experiencias son en realidad recuerdos de su pasado.



Alteraciones de comportamiento puede ser también conseguidas de manera farmacológica, modificando por ejemplo las cantidades de ciertos neurotransmisores. En un estudio ya clásico, investigadores de la Universidad de California estudiaron la 20-Vervet-Monkeys-AFPGetrelaciones de jerarquía en el cercopiteco verde. Los machos dominantes presentaban niveles más altos de serotonina (un neurotransmisor implicado en la regulación de diversos estados de ánimo como la ira, la agresión, el humor o la depresión) que los monos subordinados. Después, los investigadores observaron que cuando un macho perdía su posición dominante sus niveles de serotonina caían drásticamente y su comportamiento se asemejaba al de una persona deprimida. Este estado de ánimo desaparecía cuando a los monos se les administraban antidepresivos que aumentaban los niveles de este neurotransmisor. En un experimento posterior, en cada grupo de monos estudiados se separó al macho dominante y se administraron antidepresivos (que hacían aumentar los niveles de serotonina) al azar a uno de los otros monos subordinados. En todos los casos el mono medicado pasaba a convertirse en el macho dominante de su grupo. Posteriormente en un ensayo de doble ciego realizado en humanos a los que se administró un precursor de la serotonina también aumentó el comportamiento dominante de los individuos estudiados. Es decir, un comportamiento tan complejo como son las jerarquías de dominancia están directamente reguladas por los niveles de serotonina en monos más o menos inteligentes.



Y este tipo de sorprendentes para muchos o casi increíbles para algunos alteraciones en el comportamiento también se pueden producir incluso en lo que histórica y filosóficamente ha sido considerado la esencia central de la humanidad: las siempre sobrevaloradas creencias magnetic stimulationreligiosas. Recientemente un grupo de multidisciplinar en antropología, psicología, neurología y ciencias del comportamiento humano de diversos centros de investigación anglosajones ha realizado un interesante y muy llamativo estudio. Seleccionaron a 38 estudiantes de la Universidad de California (por eso de la facilidad en el reclutamiento, práctica habitual en este tipo de estudios tal y como ya he comentado anteriormente) con convicciones religiosas (media de 4,5 en una escala de religiosidad de 6). Estos integrantes del estudio se dividieron en dos grupos: a la mitad de los estudiantes se les sometió a estimulación magnética transcraneal (una forma segura e indolora de bloquear temporalmente regiones concretas del cerebro sin que el sujeto pueda darse cuenta) en la región de la corteza posterior medial frontal, mientras que el resto de los participantes recibieron una estimulación mínima que previamente se había demostrado que no afectaba a la funcionalidad del cerebro, por lo que estos últimos conformaron el grupo control. A continuación, a todos los participantes se les pidió primero pensar en la muerte, y después se les solicitó que mostraran su acuerdo o desacuerdo con respecto a argumentos como:

“Existe un todopoderoso, omnisciente y benevolente Dios”, “Existen seres espirituales bondadosos a los que podríamos llamar los ángeles” y “Algunas personas irán al cielo cuando mueran”

Pues bien, los individuos a los que se les había afectado temporalmente esa particular región del cerebro mostraron un disminución de un 33% en la escala de religiosidad frente a los individuos del grupo control. Es decir, las creencias religiosas (que desde siempre han sido consideradas como una de las facetas de la personalidad más estables y a la vez más refractarias a la influencia externa) pueden ser alteradas (al menos temporalmente) con un pequeño pulso electromagnético.

El resumen de todo este tipo de estudios no puede ser más obvio: a pesar de lo que vienen asegurando a lo largo de los milenios los defensores del cada vez más indiscutiblemente erróneo concepto de la “superioridad” humana, la conciencia, los sentimientos o la personalidad de los sapiens no son más que (como en el resto de los animales) el resultado de complejísimas interacciones neuronales, que sin embargo podrán ser científicamente explicadas (en un más corto que largo lapso de tiempo) de una manera no tan compleja a la vista de este tipo de estudios, y por supuesto muy probablemente también moduladas o modificadas de formas quizás peligrosamente eficaces. Porque a nadie se le pueden escapar las profundas implicaciones sociales, políticas y militares que se pueden extraer de este tipo de estudios.

Por lo pronto, el Ejército Estadounidense lleva ya años financiando este tipo de aproximaciones, tanto en su variante médica como por supuesto en la directamente militar. El Dr. William J. Tyler de la “School of Life Sciences” de la Universidad Estatal de Arizona lo explica perfectamente en una web del ejército norteamericano:

Una parte de nuestro trabajo inicial ha sido apoyado por el “U.S. Army Research Development and Engineering Command” y el “Army Research Laboratory”, en donde hemos estado trabajando para desarrollar métodos para codificar datos sensoriales en la corteza usando ultrasonidos pulsados. A través de una nueva subvención de la “Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) Young Faculty Award Program”, nuestra investigación se orientará hacia la ingeniería de futuras aplicaciones que utilizan este neurotecnología al servicio de los combatientes de nuestro país.

Pero por supuesto cuando se habla de investigación militar donde nunca hay falta de medios, problemas presupuestarios o recortes de fondos el límite es el cielo tal y como nos lo recuerda el Dr. Tyler:

Esperamos con interés el desarrollo de una estrecha relación de trabajo con DARPA, con el Departamento de Defensa de Estados Unidos y con las comunidades de inteligencia estadounidenses para llevar algunas de estas aplicaciones a buen término en los próximos años en función de las necesidades más apremiantes de la industria de defensa de nuestro país.

En resumen, que no sería nada extraño que hubiera ya un par de grupos realizando trabajo de campo en el “privilegiado” entorno (al estar exento de todo tipo de trabas burocráticas y engorrosos comités de ética) de Guantánamo intentando “modular” las creencias y ya de paso los pensamientos de los desgraciados allí retenidos, siguiendo el vergonzoso y terrible precedente de la directiva de la Asociación Estadounidense de Psicología que conspiró con el Departamento de Defensa de EEUU y la CIA para manipular las políticas, reuniones y a los miembros de la asociación para lograr que se aprobara el programa de tortura del Pentágono tras el 11S y así dar cobertura profesional a que psicólogos civiles cooperaran asesorando a los “interrogadores” y supervisando el proceso de “quebrar” a los prisioneros.



Y quizás desgraciadamente no estemos tan lejos para convertir en realidad la angustiante novela de Richard Condon “El mensajero del miedo”.

http://lacienciaysusdemonios.com/2015/10/27/control-mental-en-ratas-monos-y-por-supuesto-tambien-en-estudiantes-univesitarios-y-mas-alla/


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